La ermita y su fundador

Manto rojo con brocado de oro

Fue fundada hacia finales del siglo XIV por el caballero Don Gonzalo Fernández de Pámanes, -hijo de Martín-; perteneciente a uno de los más esclarecidos linajes primitivos de Santander. El templo es de una sola nave, con bóvedas de crucería con cinco claves, de un gótico muy tardío, las dovelas están gastadas en los nervios por la erosión de la humedad y salitre. Al picar las paredes encaladas en tiempos del abad y párroco D. Abrahán Arroyo se dejó al descubierto la piedra de mampostería; su suelo está enlosado en piedra. La bóveda está formada por tres cuerpos separados por otros tantos arcos fajones de medio punto que se apoyan en pilares simples. En la parte posterior tiene un reducido coro, sobre el que se apoya la sencilla espadaña.

El sepulcro medieval con la figura yacente del fundador (+1400) está adosado a la pared norte y anteriormente ocupaba el centro de la primitiva ermita, también en ese lado y cercano al altar se encuentra la tumba con la escultura funeraria del canónigo benefactor, D. Tomás Soto Pidal (+1964), labrado por el escultor local Manuel Cacicedo. Dos ventanas y un ojo de buey dan desde la vertiente sur luz al interior. Hay tres retablos, dos laterales -uno a cada lado-, y el mayor desde el que preside la imagen de la Patrona. Al lado de la epístola está una habitación abierta al sur y amplia, dedicada a sacristía.

El primitivo templo está rodeado a modo de forro por un pórtico alto al que se accede desde el gran arco del portalón, que también conduce al templo, habitación baja de entrada y acceso a la escalera del piso superior de dependencias.