Abogada de las Gentes de la Villa y Ciudad de Santander

Se ha dejado constancia, desde los tiempos antiguos, tal como consta en 1467, que ya lo era ‘desde tiempo inmemorial’, y por lo cual los devotos y peregrinos de la Villa, se acercaban a celebrarla, no solo en la fiesta anual, sino también en la multitud de ocasiones donde la vida de sus hijos corría grave riesgo a causa de accidentes, graves inclemencias tales como sequías o temporales, incendios, pestes, guerras, asaltos, catástrofes, naufragios y otros desastres; de lo cual daban fe multitud de exvotos y recuerdos que en la ermita-santuario se guardaban como memoria agradecida. Las peregrinaciones, además de la de los santanderinos/as, las hacían para cumplir su voto los de Peñacastillo, Puente Arce, Monte, los vecinos de Soto de la Marina, de otros lugares de la bahía, y por supuesto los de San Román de la Llanilla, así como Instituciones regionales que la tomaron por Patrona, como el Centro de Estudios Montañeses, fundado en 1933; Cronista oficial de la región de Cantabria, asesor y defensor de su patrimonio.

A comienzos de este siglo XXI, esa cadena de fe y afecto ha llegado hasta nosotros y queremos hacerla viva y actualizada, para acercarnos a nuestra Patrona; Ntra. Sra. del Mar, con anhelos y confianza de hijos, y a través de esta celeste Abogada descubrir, invocar, acoger y compartir los valores del Evangelio de su Hijo, y hacer como Ella realidad la ‘Civilización del Amor’, por medio de las actitudes que encarnó en su vida:

  • La humildad y sencillez: “Mi alma glorifica al Señor (…), porque ha mirado la humildad de su sierva…”. Lucas 1, 47.
  • La fe y disponibilidad: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda según tu Palabra (voluntad)…” Lucas 1, 38.
  • El servicio y la caridad: “Por aquellos días María se puso en camino y fue deprisa a la montaña…” Lucas 1, 39.
  • La justicia solidaria: “Derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes… A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió vacíos…”  Lucas 1, 52.

Y al hacerlo así, seguir construyendo ese Pueblo de Dios en camino, que da testimonio del Evangelio del Reino, construyendo un mundo mejor y compartiendo esa antorcha de fe y esperanza, como relevo y compromiso para que las futuras generaciones se continúen acercando al misterio de la Virgen María, felicitándola en esta tierra y mar de sus amores.